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Elupina Cordero 1892-1939
Huérfana, ciega y tullida hablaba así de sí misma -refiriéndose
a su organismo material- con una gran naturalidad:
"Parece que no era de los mejores barros".
Y sin embargo, esta Dominicana, discutida y maltratada
(manipulada, si queremos), presenta una interesante hoja
de servicios: clarividente -que no visionaria- , cercana a
los necesitados de cuerpo y espíritu -que no suplantadora
de médicos y sacerdotes-, creyente sencilla y valiente -que
no orgullosa y sectaria-, sigue viviendo en la memoria del
pueblo y en la obra por ella comenzada entre los pobres de
Sabana de la Mar.
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